Mil nubes de paz cercan el cielo… vuelve a la Berlinale a 23 años de su histórico Teddy Award
La cinta de Julián Hernández regresa al festival alemán como parte de la celebración por los 40 años del Premio Teddy, reafirmando su lugar en la historia del cine LGBTQ+ internacional.
A veintitrés años de su estreno mundial, Mil nubes de paz cercan el cielo, amor, jamás acabarás de ser amor regresa al escenario donde comenzó su proyección internacional: la Berlinale. Las funciones tendrán lugar los días 14 y 15 de febrero, como parte de la conmemoración por los 40 años del Teddy Award, galardón que desde 1987 reconoce lo más relevante del cine LGBTQ+ en el mundo.
En el marco de este aniversario, el festival organizó una retrospectiva con títulos emblemáticos en la historia del Teddy, entre ellos la película dirigida por Julián Hernández y producida por Roberto Fiesco, reafirmando su condición como obra fundamental del cine queer internacional.
Un parteaguas para el cine mexicano
Estrenada en 2003, la cinta marcó un hito al obtener el Teddy Award al Mejor Largometraje en la 53ª edición de la Berlinale, convirtiéndose en el primer equipo latinoamericano en recibir este reconocimiento dentro del certamen alemán. Seis años después, Hernández volvería a alzarse con el mismo premio por Rabioso sol, rabioso cielo (2009), consolidando una trayectoria singular dentro del cine mexicano contemporáneo.
El Premio Teddy, considerado el reconocimiento más importante del cine LGBTQ+ a nivel mundial, ha distinguido a figuras clave como Pedro Almodóvar por La ley del deseo, Derek Jarman por The Last of England, Todd Haynes por Poison, François Ozon por Gouttes d'eau sur pierres brûlantes y Sebastián Lelio por Una mujer fantástica. Formar parte de esa tradición representó no sólo un logro artístico, sino un acto de visibilidad histórica para el cine latinoamericano.
“Nunca imaginé que una película tan íntima, tan personal, pudiera viajar tan lejos”, recordó Hernández al evocar aquel momento. “Mil nubes… nació desde la emoción más profunda, desde la experiencia del amor y del abandono, y encontrar eco en Berlín fue descubrir que lo íntimo también puede ser universal”.
Una obra que respira en el tiempo
Filmada en un hipnótico blanco y negro, la película sigue a Gerardo, un adolescente que deambula por la Ciudad de México tras una ruptura amorosa. Más que narrar una historia convencional, construye una experiencia sensorial basada en silencios, miradas y cuerpos en tránsito, con la ciudad convertida en paisaje emocional.
Desde su estreno, la crítica destacó su radicalidad formal y su apuesta por un cine de contemplación y deseo que desafiaba las convenciones narrativas de su tiempo. Con los años, la obra se convirtió en título de culto y referencia obligada para nuevas generaciones de cineastas.
Para Fiesco, este regreso tiene un significado especial: “Volver a Berlín con la película restaurada es cerrar un ciclo y abrir otro. Es reencontrarnos con una obra que, aunque nació hace más de veinte años, sigue dialogando con el presente”.
Restaurar la memoria
Con motivo de esta nueva exhibición, se realizó una copia restaurada gracias al apoyo del Instituto Mexicano de Cinematografía (IMCINE), la Cineteca Nacional y Estudios Churubusco, instituciones que unieron esfuerzos para preservar una pieza clave del cine mexicano contemporáneo.
La restauración recupera la textura visual original y permite que la película vuelva a proyectarse en pantalla grande en el mismo festival que marcó el inicio de su recorrido internacional.
Un legado de premios
Además del histórico Teddy Award, Mil nubes de paz… obtuvo el Premio al Mejor Director en el Torino 18º Festival Internazionale di Film con Tematiche Omosessuali; los Premios Mayahuel a Mejor Director y Mejor Sonido en la XVIII Muestra de Cine Mexicano en Guadalajara; el reconocimiento a Mejor Ópera Prima en el 7º Encuentro Latinoamericano de Cine “El Cine” de Lima; Mejor Guion en el 3er Festival Internacional de Cine de Cuenca; así como tres premios Ariel otorgados por la Academia Mexicana de Artes y Ciencias Cinematográficas, además de múltiples nominaciones.
A más de dos décadas de su estreno, la película vuelve a la Berlinale no como pieza del pasado, sino como obra viva. “Las películas cambian con nosotros”, ha dicho Hernández. “Lo que hoy veo en Mil nubes… no es exactamente lo mismo que veía en 2003. Pero el corazón de la película sigue intacto: la certeza de que el amor, incluso cuando duele, nos transforma”.
Un regreso al cielo que la vio nacer.
Un recordatorio de que el amor —en el cine y en la vida— jamás acaba de ser amor.
Foto: Especial.