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Los espectadores tienen la última palabra: la improvisación toma el escenario del Cervantino

omarcordova

En “Se hará lo que el público quiera”, la Sociedad de Impro Brutal convierte al público en detonador de la experiencia sonora y explora nuevas formas de creación musical a partir de sistemas improvisatorios, tecnología e interacción.

¿Qué ocurre cuando el público deja de ser un observador para convertirse en detonador de lo que sucede sobre el escenario? Esa es una de las preguntas que atraviesa “Se hará lo que el público quiera”, propuesta de la Sociedad de Impro Brutal, que se presenta este martes 6 de octubre a las 17:00 horas en el Teatro Cervantes, como parte de la edición 54 del Festival Internacional Cervantino.

Para Omar Córdova, integrante y responsable de este colectivo dedicado al estudio profesional de la improvisación, la propuesta busca reconfigurar la experiencia tradicional de un concierto. El espectador ya no llega únicamente a escuchar una obra previamente establecida, sino que tiene la posibilidad de incidir en aquello que sucederá en escena. La obra, explica, deja de ser una estructura inamovible para convertirse en un espacio de participación e incertidumbre.

“Ahora tengo un concierto, pero no sé muy bien qué es lo que va a suceder”, plantea Córdova. Esa incertidumbre es precisamente uno de los motores de la experiencia: el público puede intervenir en el devenir de la pieza y los músicos deben responder a esas decisiones mediante herramientas y sistemas previamente estudiados.

La propuesta parte de una idea que atraviesa buena parte de las vanguardias musicales: sobrepasar las estructuras y las barreras de un lenguaje determinado. Para Córdova, la música necesita recuperar cierta irreverencia y capacidad disruptiva frente a un panorama donde, en ocasiones, las propuestas terminan por volverse previsibles.

En ese sentido, la improvisación no significa ausencia de preparación. La Sociedad de Impro Brutal trabaja con sistemas, rutas y estrategias que permiten a los intérpretes desenvolverse dentro de escenarios indeterminados. El músico debe conocer a profundidad las herramientas que utilizará para poder reaccionar ante aquello que no puede anticipar.

Córdova establece una diferencia entre “lo improvisado” y “lo improvisatorio”. Lo primero puede entenderse como una reacción ante algo inesperado; lo segundo implica un sistema de conciencia, coordinación y control que permite construir a partir de lo imprevisible. Detrás de lo que para el espectador puede parecer espontáneo existe, por tanto, un proceso de estudio técnico, teórico y creativo.

La propia identidad de la Sociedad de Impro Brutal parte de esa apuesta. Córdova reconoce que el nombre puede generar prejuicios alrededor de la palabra “improvisación”, pero también considera que esa denominación es una forma honesta de señalar el territorio en el que trabaja el colectivo: una agrupación de música contemporánea concentrada en la investigación de distintas formas improvisatorias.

El ensemble es además flexible. Ha trabajado con solistas, dúos, cuartetos y músicos invitados de distintas procedencias, y para esta presentación en el Cervantino reunirá a 18 integrantes, la formación más numerosa que ha tenido hasta ahora. Participan músicos internacionales, nacionales y locales, de acuerdo con las necesidades de cada proyecto.

La agrupación combina conciertos, producción discográfica e investigación. Córdova ha desarrollado estudios de posgrado vinculados con la teoría estética y el arte, conocimientos que también alimentan el trabajo del ensemble. La investigación académica, señala, encuentra en la agrupación un espacio para experimentar y comprobar qué posibilidades pueden abrirse desde la improvisación.

“Se hará lo que el público quiera” surgió precisamente de uno de esos procesos. Durante alrededor de seis meses, integrantes del colectivo trabajaron con un programador para encontrar una manera de vincular tecnología y música sin reducir la interacción digital a un simple recurso sonoro. El resultado permite que el público intervenga mediante su teléfono celular y modifique algunos de los elementos improvisatorios que ocurren durante el concierto.

La tecnología se convierte así en un puente entre músicos y espectadores. La propuesta reúne música, herramientas digitales y participación colectiva para construir una experiencia que no puede repetirse exactamente de la misma manera.

Durante el concierto también se estrenarán internacionalmente tres piezas de la colección “Fruslerías”, correspondientes a los números 46, 319 y 497. Se trata de una colección de alrededor de 500 piezas construidas mediante distintos sistemas improvisatorios, a partir de los cuales la Sociedad de Impro Brutal genera materiales musicales diversos.

El trabajo del colectivo incluye además una ópera improvisatoria para piano y actor-cantante, en la que Córdova participa como director de escena, así como conciertos dedicados exclusivamente a la improvisación libre. Todo ello forma parte de una búsqueda que pretende ampliar las posibilidades de la música contemporánea.

La experiencia, sin embargo, no busca imponer al público una emoción determinada. Córdova cuestiona la idea de que determinados sonidos deban provocar necesariamente alegría, tristeza u otras respuestas específicas. Para él, encasillar la percepción mediante códigos preestablecidos puede limitar la expresión y la experiencia estética.

Por eso, durante sus presentaciones, la Sociedad de Impro Brutal intenta abrir espacio a todas las emociones y sensaciones que puedan surgir, sin conducir al espectador hacia una interpretación específica. Con la participación del público, ese abanico se multiplica: ya no son únicamente los músicos quienes aportan sus experiencias, sino también quienes están frente al escenario.

La propuesta encuentra una de sus referencias en “Esta noche se improvisa la comedia”, de Luigi Pirandello, obra teatral de 1930 que despertó en Córdova el interés por trasladar algunas de sus inquietudes hacia el terreno musical. A partir de ahí comenzó una exploración sobre cómo construir situaciones escénicas y musicales sin depender de una estructura completamente predeterminada.

Para el músico, la improvisación también implica aceptar aquello que todavía no ha sido considerado. Retoma una idea del filósofo Kostas Axelos para plantear una premisa que atraviesa su trabajo: considerar aquello que todavía no se ha considerado, incluso aquello que puede estar ocurriendo sin que los participantes sean plenamente conscientes de ello.

Así, cada presentación es irrepetible. Lo ocurrido durante una función no determina lo que sucederá en la siguiente. La experiencia previa sirve como aprendizaje, pero no como una fórmula que deba repetirse.

“Se hará lo que el público quiera” coloca entonces al espectador frente a una responsabilidad inusual: decidir también forma parte de escuchar. Este martes, en el Teatro Cervantes, la Sociedad de Impro Brutal pondrá a prueba cuánto puede transformarse un concierto cuando quienes ocupan las butacas dejan de ser únicamente receptores y se convierten en parte activa de la creación.

Foto: Especial.