La cineasta Katia Morales reflexiona sobre el presente del cine
La realizadora mexicana habla sobre su participación en la primera muestra del festival documental Naranjas Hiroshima, el trabajo con archivos de mujeres cineastas, las transformaciones de las audiencias tras la pandemia y las nuevas formas de financiamiento y circulación del cine.
La cineasta mexicana Katia Morales considera que el cine documental sigue siendo una de las formas más poderosas de preservar la memoria y de registrar fragmentos de la realidad. En conversación con Página Zero sobre su participación en la primera muestra del festival documental Naranjas Hiroshima, la realizadora reflexionó sobre su trabajo con archivos, las transformaciones del público cinematográfico y los nuevos modelos de financiamiento que han surgido en el ecosistema audiovisual.
Hace unos meses Morales participó en la primera edición de esta muestra, impulsada en colaboración con Canal 22 a través de su espacio dedicado al cine nacional. El proyecto, explicó, nació originalmente como un repositorio digital especializado en cine documental que buscaba reconstruir la historia del género y sus distintas corrientes.
“Es una iniciativa de uno de los programadores del canal que tenía este proyecto desde hace 18 años. Surgió como un repositorio especializado en documental, un espacio alternativo que recrea la historia del cine documental, trazando escuelas, líneas o vanguardias”, explicó. Con el tiempo, aquella base de datos se transformó en una programación más amplia que hoy combina exhibiciones digitales y transmisiones televisivas.
Dentro de esa programación se incluyó Pioneras, un cortometraje en el que Morales participó junto a colegas de la segunda generación del Centro Universitario de Estudios Cinematográficos. El proyecto surgió como un ejercicio de investigación y creación que buscaba rescatar la memoria de las primeras mujeres formadas en esa institución.
“Nosotros teníamos formación en lenguaje cinematográfico y en narración, pero también veníamos de otras áreas. Trabajamos con metodologías de investigación, con entrevistas y con archivos para indagar qué habían hecho las primeras mujeres que estudiaron cine”, recordó.
El trabajo fue impulsado dentro de un programa fundado por el documentalista Carlos Mendoza, quien durante décadas promovió una mirada combativa y cercana a la realidad cotidiana. Para Morales, esa tradición influyó en la forma de concebir el documental como un ejercicio crítico.
Aunque el cortometraje tiene apenas quince minutos de duración, su proceso de producción fue extenso. “Trabajamos más de un año en la postproducción, en la edición y en las adecuaciones”, señaló. El resultado, dijo, ha encontrado resonancia en distintos festivales y espacios de exhibición, desde DocsMX hasta Shorts México y Contra el Silencio Todas las Voces.
Para la cineasta, el interés del público se debe a que el documental visibiliza un proceso histórico poco atendido: la lucha de las mujeres por ocupar espacios en la industria cinematográfica. “Seguimos buscando mejores posiciones dentro de la parte creativa y también en la distribución. Es un proceso que durante mucho tiempo quedó olvidado”.
Además de su trabajo como realizadora, Morales ha explorado las transformaciones del ecosistema audiovisual desde la investigación académica. Durante sus estudios analizó el papel del financiamiento colectivo en el cine independiente, observando plataformas como Ideame y Fondeadora.
El objetivo de ese estudio fue comprender qué variables permitían que una campaña de financiamiento tuviera éxito. “Descubrimos que más allá del dinero, estas plataformas funcionan como herramientas de promoción y de conexión con la audiencia. Cuando la gente dona o participa, ya se vuelve parte del proyecto”.
Ese trabajo la llevó también a integrarse durante varios años a la comunidad internacional OuiShare, donde participó como conectora en México, organizando encuentros y diálogos sobre economía colaborativa, innovación digital y nuevas formas de producción cultural.
Otro de sus campos de investigación ha sido el estudio de las audiencias cinematográficas. En 2019 participó en un proyecto que buscó trazar un perfil del cinéfilo en la Ciudad de México, un sector poco documentado fuera de las estadísticas comerciales del box office.
“Levantamos más de mil encuestas para entender quiénes son los espectadores del cine independiente: los que van a cineclubes, a los FAROS o a pequeñas salas culturales”, explicó. El estudio reveló diferencias claras entre quienes consumen cine en plataformas digitales —principalmente en ciudades grandes y con mayor acceso bancario— y quienes asisten a espacios comunitarios o culturales.
La pandemia, añadió, aceleró ciertas transformaciones. El consumo de streaming creció alrededor de 40 por ciento, pero eso no significó el abandono de las salas de cine. “Hubo un momento crítico cuando los cines cerraron, pero después la asistencia regresó con mucha fuerza. La experiencia de ver una película en pantalla grande sigue siendo incomparable”.
En paralelo, Morales mantiene una línea de investigación creativa centrada en la memoria y los archivos audiovisuales. Para ella, el cine documental ha sido durante más de un siglo uno de los soportes más tangibles de la memoria humana.
“El documental tiene esa vocación de capturar un fragmento diminuto de la realidad que sucedió en algún momento”, afirmó. A partir de materiales de archivo —muchos de ellos conservados en instituciones como la Filmoteca de la UNAM— es posible reconstruir pasajes históricos y comprender mejor el presente.
En el caso de las mujeres cineastas, esa tarea implica también un ejercicio de reparación histórica. “Hemos sido minimizadas, olvidadas o negadas dentro de la gran historia del cine. Pero cuando revisas sus archivos aparecen emociones, intereses y experiencias que revelan otra dimensión de la historia cultural”.
Actualmente la realizadora continúa desarrollando proyectos que combinan investigación, programación y difusión del cine documental. Entre ellos destaca el ciclo La mirada femenina, organizado junto con el consulado de México en Montreal, donde se exhibieron más de diez películas dirigidas por mujeres.
“Cada vez hay más iniciativas para rescatar archivos, digitalizar materiales familiares o abrir colecciones al público. Todo eso nos permite regresar a momentos clave que explican por qué hoy estamos donde estamos”, concluyó.
Foto: Especial.