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Jesús Escabernal: ilustrar para acompañar, no para decorar

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El artista plástico habla sobre herencia familiar, procesos editoriales, negociación creativa y los desafíos de la portada en la era digital.

La trayectoria de Jesús Escabernal en la ilustración editorial no comenzó en una escuela de diseño ni en una gran editorial. Su origen está en la memoria familiar, en un libro hojeado durante horas y en el deseo temprano de fabricar sus propias ediciones.

—¿Cómo se dio tu llegada al mundo de la ilustración editorial? ¿Rojo Siena fue un laboratorio de prácticas?

—En cierta medida sí, pero hay un antecedente familiar. Mi abuelo materno estudió pintura en la Academia de San Carlos. No concluyó sus estudios y migró a Acapulco, donde trabajó en el sector turístico durante la época dorada del puerto. Sin embargo, su interés por la pintura se quedó en casa. Yo no lo conocí, pero lo fui reconstruyendo a través de los relatos de mi abuela y mi madre, y sobre todo gracias a un libro de arte —de esas ediciones que se vendían en Sanborns— que marcó mis primeras memorias visuales.

Ese contacto táctil con el libro, con su factura material, sembró una inquietud: aprender a hacer libros y acompañarlos con imágenes. Años después, junto a la poeta Roxana Cortés, fundaría el proyecto editorial Rojo Siena, que describe como “un laboratorio de inquietudes muy perversas”, donde comenzaron a tomar forma sus primeras portadas profesionales.

—¿Recuerdas tu primera portada ilustrada?

Escabernal sonríe antes de responder. A los 13 años trabajaba en un cibercafé familiar en Acapulco, cuando el negocio aún era rentable. Con acceso a impresora y encuadernadora, comenzó a diseñar sus propias “enciclopedias” musicales.

—Me gusta muchísimo la música. Hacía mis propias ediciones, armaba portadas, las archivaba y engargolaba. Creo que esas fueron mis primeras portadas, aunque no fueran profesionales.

En el terreno formal, sus primeras ilustraciones editoriales llegaron con Rojo Siena, donde trabajó portadas para autores guerrerenses como Charlie Punketto, Sebastián Guerra y Oralia Ramírez, además de escritores de otras latitudes.

—¿Qué referentes artísticos han influido en tu obra?

Escabernal evita hablar de una línea estrictamente cronológica, pero reconoce influencias claras. Durante el periodo de Rojo Siena (2011-2013) su trabajo dialogó con la tradición de Julio Ruelas, con su estética cercana al art nouveau y el tenebrismo, y con la potencia gráfica de Melecio Galván, integrante del Grupo 65 y figura clave en el imaginario visual de los movimientos sociales de 1968.

—Me interesa esa capacidad de la imagen para hacer diagnósticos de la violencia o de la realidad política. Pero también me interesa no quedarme atrapado en una sola tradición.

Para Escabernal, ilustrar no es adornar. Es acompañar.

—No hay libro que haya ilustrado que no haya leído completo. Eso me permite entender la atmósfera. No creo que una imagen pueda “explicar” todo lo que contiene una obra literaria. La literatura está llena de elementos connotativos; pretender que una sola imagen los traduzca todos no tiene sentido.

Su proceso suele incluir dibujo a mano y posterior intervención digital. Le interesa el remix, la documentación y la reinterpretación. En ocasiones un autor elige una obra previa de su catálogo; entonces, él intenta reordenarla visualmente para ajustarla al universo narrativo. Cuando hay diálogo, el proceso se vuelve más rico. Cuando no, toca negociar.

Negociar no es una mala palabra. Es parte del acompañamiento.

—¿Qué papel juega la portada en la decisión de compra de un libro?

—Es vital. Más aún en la cultura del scroll. Necesitas que el espectador se detenga. México es visualmente barroco: basta recorrer un tianguis para entenderlo. Si no apuestas por una portada atractiva, estás perdiendo una oportunidad.

El tránsito hacia lo digital ha implicado retos técnicos y sensoriales. Escabernal confiesa su pasión por el offset —“me encanta cómo huele, cómo se percibe el laminado”—, pero reconoce que la impresión digital ha democratizado procesos para editoriales independientes. En pantalla, además, el código RGB modifica la percepción del color. Adaptarse es indispensable.

Entre sus trabajos más recientes destacan cuatro portadas para el mismo número de títulos publicados por la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla (BUAP), dentro de la colección Extraviados, coordinada por Óscar Alarcón. Éxodo a ningún lugar, Poesia de Sergio Pérez Torres, edición traducida al inglés por Colin Carberry. La sangre de las plantas, de Lorena Rojas. Misteriosa Ciudeath, de Oswaldo Buendía y La subasta del cono de David Marín. Se pueden encontrar en la Feria Internacional del Libro del Palacio de Minería, stand 1011 de Libros BUAP

—Es un proyecto interesante porque, aunque pertenece a una institución estatal, ha generado vínculos curatoriales con autores de distintas partes del país. Está dirigido a estudiantes de preparatoria, pero ofrece una constelación diversa de voces.

Además, adelanta que próximamente participará en la publicación de un libro en el extranjero, aunque aún no puede revelar detalles.

—¿La inteligencia artificial representa una amenaza?

—Es una amenaza cuando se usa de manera frívola. La máquina en sí misma no lo es; necesita órdenes. Yo la he usado para bocetos o para agilizar la comunicación con clientes, pero el toque final siempre es humano.

Para él, el verdadero riesgo no está en la herramienta, sino en la superficialidad de su uso.

Escabernal se define como un “autor de obra plástica que también hace portadas”. Considera que el contexto mexicano impone limitaciones estructurales, pero eso no significa que todas las puertas estén cerradas.

—Te obliga a diversificar. Esa diversificación lo ha llevado también al diseño musical. Recientemente colaboró con la agrupación Rëlisp, un proyecto joven que fusiona jazz y rock progresivo, retomando su vieja inquietud por los formatos impresos vinculados a la música.

Al final, su visión del oficio es clara: resistir, insistir y mantener el hambre de búsqueda.

—Es mucho de estar ahí, dibujando, experimentando, incluso echando a perder. La ilustración de portadas es un oficio. Y como todo oficio, se aprende haciéndolo.

Foto: Especial.