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Golpe urbano en el corazón del puerto

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FONATUR sustituye las losetas históricas del Edificio Oviedo por baldosas grises durante trabajos de rehabilitación en el Zócalo de Acapulco.

Trabajos de rehabilitación en la banqueta del emblemático Edificio Oviedo, ubicado frente al zócalo del puerto de Acapulco, han encendido la polémica entre vecinos, comerciantes y promotores culturales, luego de que cuadrillas retiraran las antiguas losetas decorativas para sustituirlas por baldosas grises de diseño contemporáneo.

La intervención, atribuida al Fondo Nacional de Fomento al Turismo (FONATUR), forma parte de acciones de mejoramiento urbano en la franja turística tradicional. Sin embargo, la modificación del diseño original de la banqueta ha sido interpretada por algunos sectores como un “golpe urbano” que altera la memoria visual del primer cuadro de la ciudad.

En la imagen se aprecian claramente dos propuestas estéticas que conviven —y chocan— en un mismo espacio.

Por un lado, el diseño original muestra un patrón geométrico compuesto por pequeñas losetas en tonos crema y rojo ladrillo, dispuestas en diagonales que generan dinamismo visual. El dibujo no solo aportaba identidad, sino que dialogaba con la arquitectura histórica del inmueble y con el carácter tradicional del Zócalo. La composición, basada en módulos cuadrados con acentos romboidales, evocaba un lenguaje urbano de mediados del siglo XX, cuando el puerto consolidó su imagen cosmopolita.

Por otro lado, la nueva intervención sustituye esa trama ornamental por losetas grises uniformes, de cuadrícula simple y acabado liso. Se trata de un diseño funcional, neutro y contemporáneo, alineado con criterios de estandarización urbana y mantenimiento práctico. Sin embargo, su sobriedad rompe con la riqueza cromática y ornamental que distinguía al entorno inmediato del edificio.

La transición entre ambos materiales es abrupta: el gris plano contrasta con la textura y el colorido anterior, evidenciando la sustitución parcial. Este tipo de soluciones, frecuentes en procesos de “modernización”, suelen priorizar durabilidad y costos por encima del valor histórico y simbólico del paisaje urbano.

El Edificio Oviedo es uno de los inmuebles más representativos del Acapulco tradicional. Ubicado frente al Zócalo y cercano a la Catedral, ha sido testigo del auge turístico del puerto desde la primera mitad del siglo XX. Su arquitectura, de líneas sobrias y balcones corridos, forma parte del conjunto que dio identidad al centro histórico durante la época dorada del destino.

Más que un edificio, se trata de un referente urbano: punto de encuentro, marco de postales antiguas y escenario cotidiano de la vida social porteña. Por ello, cualquier intervención en su entorno inmediato tiene implicaciones que trascienden lo meramente funcional.

Especialistas en patrimonio urbano han señalado en distintos foros —como en el Seminario: Puesta en Valor del Patrimonio Cultural y Natural de Acapulco,organizado por la UNESCO— que las rehabilitaciones en centros históricos deben respetar la memoria material de los espacios, especialmente cuando los elementos retirados forman parte de la imagen consolidada del lugar.

Aunque la mejora de banquetas puede contribuir a la accesibilidad y seguridad peatonal, la homogeneización estética corre el riesgo de diluir el carácter propio del Zócalo. En ciudades con vocación turística e histórica, la textura del suelo también cuenta una historia.

Mientras avanzan los trabajos, la discusión permanece abierta. Para muchos acapulqueños, la modernización no debería significar borrar las huellas del pasado. El debate sobre el equilibrio entre funcionalidad y memoria urbana vuelve así al centro de la conversación pública, justo donde el puerto construyó su identidad: en el corazón del Acapulco tradicional.

Foto: Miguel Benítez.