“Flores de mi tierra”: memoria, silencio y comunidad en el cine de Cande Palma
La cineasta reflexiona sobre su documental, un retrato íntimo dedicado a su madre y a las historias cotidianas de su comunidad
La proyección del documental Flores de mi tierra, de la cineasta Cande Palma, abrió un espacio de reflexión sobre la memoria familiar, la vida comunitaria y los lenguajes del cine documental. Tras la exhibición, la realizadora participó en una ronda de preguntas en la que compartió el proceso creativo de una obra que, según sus propias palabras, nació como un homenaje a su madre, a su casa y a su tierra.
Palma explicó que una de sus decisiones más importantes fue trabajar con un equipo cercano y con personas con quienes ya había colaborado anteriormente, evitando separar su crecimiento profesional de su comunidad de origen. Para la directora, el aprendizaje fuera del país solo adquiere sentido cuando regresa a su lugar de origen y se convierte en una herramienta colectiva.
“Pareciera que tenemos que salir para profesionalizarnos, pero ¿en qué momento regresamos a nuestra casa y decimos: ya aprendí y ahora traigo todo esto para compartirlo?”, reflexionó.
El documental surge también de un cruce de afectos y pertenencias: la familia que la cineasta formó durante su estancia en Cuba se encuentra simbólicamente con su familia de origen. En ese diálogo entre espacios y experiencias, la realizadora define la película como un proyecto profundamente personal. “Cada película es un milagro, pero esta es mía”, señaló.
Un retrato íntimo de la madre y la comunidad
La historia de Flores de mi tierra gira alrededor de la figura materna, presentada como un ejemplo de muchas historias que atraviesan a las comunidades rurales. Para Palma, el retrato no pretende explicar ni representar una totalidad, sino mostrar fragmentos de una realidad compleja.
La película se desarrolla en gran medida en silencio. Esa decisión estética responde, según la directora, a la forma en que ciertas experiencias se viven dentro de las familias y comunidades: sin palabras explícitas, pero cargadas de gestos y significados.
“Mi madre nunca me dijo ‘te quiero’. Su manera de decirlo era darme comida o cuidarme. Así la enseñaron”, explicó.
En el documental aparece también la presencia de rituales y tradiciones religiosas que atraviesan la vida comunitaria. La Semana Santa, por ejemplo, se convierte en un escenario simbólico que acompaña la búsqueda emocional de los personajes.
Narrar sin explicar
Una de las posturas más claras de Palma frente al documental es su rechazo a la sobreexplicación. La directora prefiere un cine que permita al espectador construir sus propias lecturas.
“Muchos documentales explican todo. Yo prefiero que el público sienta y decida qué está pasando”, afirmó.
Esa apertura ha generado múltiples interpretaciones entre quienes han visto la película. Algunos espectadores se identifican con la figura de la joven protagonista; otros encuentran en la historia un reflejo de sus propias madres o abuelas.
Durante su circulación internacional, la directora notó diferencias en la recepción cultural. Mientras que algunos públicos europeos tenían dificultades para interpretar el contexto, espectadores latinoamericanos se identificaban de inmediato con las dinámicas familiares y comunitarias retratadas en pantalla.
“Muchos me decían: esa es mi abuela, esa es mi madre”, recordó.
Filmar desde la experiencia del territorio
En su intervención, Palma también habló de los desafíos de representar cinematográficamente las comunidades rurales sin caer en miradas externas o exotizantes. Para la cineasta, muchas veces quienes observan desde fuera intentan traducir realidades que no han vivido.
“Hay cosas que no se pueden explicar si no se han vivido: cómo se convive en un pueblo, cómo se crece ahí, cómo se entienden ciertos gestos”, señaló.
Su apuesta estética consiste en registrar esos mundos desde la experiencia propia, evitando discursos que busquen juzgar o simplificar las dinámicas sociales.
Nuevos proyectos y circulación del documental
Actualmente, Palma trabaja en un nuevo largometraje titulado El Arreglo, que abordará el tema del matrimonio adolescente en comunidades rurales. La directora adelantó que su intención no es juzgar el fenómeno, sino mostrar la complejidad del sistema social que lo sostiene.
Paralelamente, el documental Flores de mi tierra continúa su recorrido por festivales y espacios de exhibición. Palma explicó que la película ha participado en circuitos de cine y que próximamente buscará proyectarse en comunidades y escuelas interesadas en su difusión.
Para la realizadora, cada película tiene su propio camino una vez terminada: “Cuando acabo una obra siento que es como un hijo: ya le toca seguir su vida”.
Diálogo previo sobre mujeres y arte
Previo a la proyección del documental se realizó la mesa de diálogo “La mujer en el arte”, en el marco de la exposición Mujeres Sol. En el encuentro participaron Roxana Cortés, Jeanette Rojas, Cande Palma, Alet Rojas, Nathalia VO, Themis A Mendoza, Erika Salinas y La Malakia.
La actividad fue organizada por Nathaly Rosas en Demina Laboratorio de Artes, espacio que albergó tanto el diálogo como la proyección del documental.
Foto: Miguel Benítez.