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Escuelas de iniciación artística en Guerrero: entre la rectificación y las dudas sobre su operación

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Tras anunciarse su cierre y posteriormente la apertura de una tercera generación, artistas y docentes cuestionan la selección de la nueva planta académica, los adeudos salariales y la falta de continuidad de un programa asociado al INBAL

La disputa por las Escuelas de Iniciación Artística Asociadas al Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura (INBAL) en Guerrero no terminó con la rectificación de su anunciado cierre. Ahora el conflicto se desplaza hacia la selección de docentes, las condiciones laborales y la manera en que la Secretaría de Cultura estatal conduce un programa que, de acuerdo con el propio INBAL, forma parte de una estrategia nacional de educación artística para niñas, niños y jóvenes.

El artista plástico Jorge Alfaro cuestionó públicamente el proceso mediante el cual se integró la nueva planta docente. Su señalamiento central es que quedaron fuera profesores con amplia trayectoria artística y experiencia específica en el programa, algunos de los cuales —afirma— realizaron cursos de capacitación del INBAL y participaron durante años en la construcción de las escuelas en Guerrero.

Para Alfaro, el problema no radica en que exista una convocatoria abierta, sino en los criterios utilizados para llegar a la selección final. El artista plantea una pregunta que deja abierta la discusión sobre la transparencia del proceso: ¿los maestros que no fueron seleccionados resultan incómodos para la Secretaría de Cultura? La pregunta constituye un señalamiento, no una conclusión acreditada, y hasta ahora no se ha presentado públicamente evidencia que permita establecer que la exclusión obedeció a ese motivo.

La inconformidad se suma a otras denuncias que ya habían puesto bajo escrutinio la operación de las escuelas. En agosto, Derek Badillo Gómez, entonces coordinador académico de la sede de Taxco, denunció retrasos salariales, problemas de infraestructura, restricciones para desarrollar actividades académicas y presuntas diferencias en el trato al personal docente. Página Zero documentó entonces que, según su carta, algunos profesores habían enfrentado hasta ocho meses de retraso en sus pagos.

El propio Badillo volvió a cuestionar el funcionamiento de la escuela y reclamó, entre otros puntos, el cumplimiento de pagos pendientes, la revisión de decisiones administrativas y la garantía presupuestal para que las cuatro sedes puedan iniciar sus actividades sin quedar nuevamente sujetas a la incertidumbre administrativa.

Otro de los profesores que cuestiona el proceso es el artista plástico Jorge C. Massiel, quien recuerda haber formado parte de la plantilla inicial y haber participado en capacitaciones y reuniones relacionadas con el programa. Según su testimonio, decidió no participar en la nueva convocatoria porque consideró improcedente tener que competir nuevamente por un espacio que ya había ocupado y para el que había adquirido experiencia específica.

El contexto resulta particularmente contradictorio. Después de que la Secretaría de Cultura de Guerrero anunció el cierre de las escuelas, la dependencia informó posteriormente sobre una reunión con la dirección del INBAL para preparar la tercera generación de las Escuelas de Iniciación Artística Asociadas, con sedes en Chilpancingo, Taxco, Pungarabato y Acapulco, y anunció el inicio de clases para el 5 de octubre de 2026.

La rectificación evitó el cierre anunciado, pero no resolvió las preguntas de fondo: ¿Con qué presupuesto operarán las escuelas?, ¿Bajo qué criterios se eligió al personal docente?, ¿Qué ocurrirá con quienes fueron excluidos?, ¿Y cómo se garantizará que el programa tenga continuidad más allá del cambio de administración estatal?

No se trata de un programa menor dentro de la estructura de educación artística. El INBAL conmemoró este año los 15 años del Programa Nacional de Escuelas de Iniciación Artística Asociadas, concebido como una red de colaboración con gobiernos estatales, municipales e instituciones culturales para acercar la formación artística a distintas comunidades.

En Guerrero, además, existen antecedentes de una colaboración institucional que se remonta al convenio firmado en 2018 entre el entonces INBA y el gobierno estatal para impulsar escuelas asociadas en Taxco, Chilpancingo y Acapulco. El propio gobierno estatal reportó posteriormente una inversión de dos millones de pesos para dar continuidad a las EIAA, con 160 niñas, niños y jóvenes beneficiados en Taxco, Pungarabato y Chilpancingo.

El contraste con Acapulco también ha sido señalado. Mientras el estado enfrentó el cierre de una sede tras las afectaciones provocadas por Otis y posteriormente problemas de matrícula, la Escuela de Iniciación Artística Acapulco G65 —dependiente del municipio— abrió una convocatoria para incorporar estudiantes. Página Zero documentó este contraste en agosto.

Para artistas y docentes como Gabriel Brito, Alet Rojas y Rodolfo Soto, la discusión no debería limitarse a evitar el cierre. Han planteado la necesidad de garantizar presupuesto, regularizar pagos, mejorar las condiciones de trabajo y convertir la continuidad del programa en una política pública con previsión presupuestaria.

La controversia, por tanto, permanece abierta. La Secretaría de Cultura logró pasar del anuncio de cierre a la promesa de una nueva generación, pero las denuncias de docentes y artistas colocan una cuestión incómoda sobre la mesa: mantener abiertas las escuelas no necesariamente significa garantizar las condiciones para que funcionen con estabilidad, experiencia académica y derechos laborales.

Mientras octubre se aproxima y las aulas se preparan para recibir nuevamente estudiantes, queda pendiente que las autoridades hagan públicos los criterios de selección docente, las condiciones presupuestales y las medidas para resolver los adeudos y conflictos señalados. La continuidad administrativa del programa será, finalmente, tan importante como su reapertura.

Foto: Especial.