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Entre tradiciones y abandono: la OFA inicia temporada en un recinto que sigue sin condiciones

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Abrió su temporada “Tradiciones” ante 300 asistentes, mientras el Teatro Juan Ruiz de Alarcón continúa sin recibir la atención necesaria y las autoridades culturales volvieron a ausentarse

Comenzó el primer concierto de la temporada “Tradiciones” de la Orquesta Filarmónica de Acapulco (OFA), en el salón Jaguar del Hotel Playa Suites en Acapulco, de los ocho que tiene este programa, con la interpretación de Por los caminos del sur, pieza que abrió una velada marcada tanto por la música como por las condiciones en las que nuevamente tuvo que presentarse la agrupación.

El programa continuó con la Obertura “Rey Esteban”, Op. 117, de Ludwig van Beethoven, una obra que dio paso a un repertorio de tradición sinfónica europea y que permitió al público escuchar nuevamente a la OFA bajo la dirección de su titular, Bartholomeus-Henri Van de Velde , en el arranque de una nueva etapa de conciertos.

Como ya es una tradición, el primer concierto de temporada volvió a evidenciar el desdén de la Secretaría de Cultura de Guerrero hacia una de las principales instituciones musicales del estado, al no contar con la presencia de su titular, ni ningún otro funcionario de la misma. En su lugar, un funcionario menor de la Secretaría de Turismo acudió en representación de la gobernadora Evelyn Salgado Pineda, una ausencia que contrasta con la importancia cultural de la presentación.

Después de Beethoven, el programa avanzó hacia las “Variaciones sobre un tema de Haydn”, de Johannes Brahms, una de las obras más reconocidas del compositor alemán y pieza que exige de la orquesta una respuesta precisa en el manejo de sus diferentes secciones y matices.

Sin embargo, la interpretación volvió a estar condicionada por otra de las “tradiciones” que se han instalado en la vida cultural de Acapulco y de Guerrero: la falta de condiciones adecuadas del Teatro Juan Ruiz de Alarcón para recibir conciertos de esta naturaleza. A diez días de que se cumplan cinco años del sismo que sacudió al puerto, el recinto continúa sin ser reparado integralmente ni recibir el mantenimiento que requiere.

El contraste resulta todavía más evidente al recordar que, durante estos cinco años, en el mismo puerto fue posible construir un hospital de tercer nivel para el ISSSTE en el espacio que ocupaba el famoso salón Teotihuacán. Mientras una infraestructura de salud pudo levantarse en ese periodo, uno de los principales espacios culturales de Acapulco continúa esperando atención.

La noche cerró con la Sinfonía No. 4 en fa menor, Op. 36, de Piotr Ilich Chaikovski, una obra de grandes dimensiones orquestales que requiere un espacio diseñado acústica y arquitectónicamente para permitir que sus diferentes secciones respiren y que el público pueda apreciar plenamente su riqueza sonora.

Una sinfonía como la Cuarta de Chaikovski ocupa un espacio adecuado para una orquesta sinfónica y no un salón con una altura aproximada de tres metros. En esas condiciones, las posibilidades acústicas se reducen considerablemente y el sonido no puede desarrollarse como fue concebido. No se disfruta un concierto de esta magnitud cuando músicos y público tienen que adaptarse a un espacio que no fue pensado para recibir una obra sinfónica de semejantes características.

La situación del recinto se suma a una percepción más amplia: el desprecio por las tradiciones culturales parece haberse convertido en un distintivo de este gobierno, a un año de que concluya su periodo. La ausencia de la titular de Cultura en el inicio de temporada y la falta de atención al principal espacio para la música sinfónica en Acapulco son síntomas de una política cultural que mantiene a la infraestructura y a sus instituciones en segundo plano.

Otra de las prácticas que se repiten al interior de la OFA tiene que ver con su dirección administrativa. Alejandro Juárez Díaz, director administrativo de la Orquesta, continúa sin mostrar una vocación de liderazgo acorde con la responsabilidad de su cargo; su presencia se limita, al cumplimiento de una función administrativa, sin involucrarse de manera visible en el desarrollo de los conciertos y dejando buena parte de la responsabilidad logística en manos del resto del equipo.

Pese a estas circunstancias, aproximadamente 300 personas acudieron al primer concierto de la temporada “Tradiciones”, una asistencia que adquiere relevancia al tratarse de una presentación realizada justo antes del inicio del ciclo escolar y en un periodo en el que las familias acapulqueñas se preparan para el regreso a clases.

Así, la OFA inició una nueva temporada con música de Beethoven, Brahms y Chaikovski, pero también con viejas asignaturas pendientes: un teatro que permanece sin las condiciones necesarias, autoridades culturales ausentes y una estructura administrativa que requiere mayor liderazgo. La tradición, en este caso, parece no estar solamente en el repertorio: también en el abandono que acompaña a la cultura en Acapulco.

Foto: Miguel Benítez.