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Entre tradición, premios y leyenda: el maestro mezcalero Fernando Bello defiende la autenticidad del mezcal guerrerense

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Desde la comunidad de Omepa, en Tixtla, el productor habla sobre certificaciones, falsificaciones en el mercado y revive la historia de “El amigo”, una presencia misteriosa ligada a su fábrica

 

En la comunidad de Omepa, municipio de Tixtla, el maestro mezcalero Fernando Bello Muñoz resguarda una tradición que, asegura, no sólo se sostiene en el sabor del destilado, sino también en la honestidad del proceso y el reconocimiento a su calidad. Entre alambiques, magueyes y relatos que circulan en el patio de su casa, Bello habla con firmeza sobre la diferencia entre certificaciones, denominación de origen y los desafíos que enfrenta el mezcal artesanal frente a la falsificación.

El productor explica que existe una confusión frecuente entre los documentos que respaldan la autenticidad del mezcal.

“Una cosa es la certificación y otra la denominación de origen. Son dos papeles distintos”, señala.

En su caso, afirma que cuenta con un reconocimiento que respalda su trabajo en la región, lo que le impide —dice— engañar a los consumidores sobre el origen y la calidad de su producto.

Para Bello, la responsabilidad también recae en quienes compran.

“El comprador debe preguntar, que le expliquen bien”, comenta, al advertir que en el mercado circulan mezcales adulterados o productos que utilizan el nombre de productores reconocidos sin autorización.

Relata que incluso ha enfrentado casos en los que otras personas han intentado aprovechar su reputación. Según cuenta, hubo quien abrió un negocio asegurando que el mezcal provenía de su fábrica, pese a que nunca le compraba producto.

“Lo empezó a publicar como si saliera de aquí, con mi nombre”, afirma.

Ante ello, el maestro mezcalero advierte que, si algún día ese mezcal resulta adulterado, se verá obligado a aclarar públicamente la situación.

 

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Grand Gold Medal que le otorgó Spirits Selection by Concours Mondial de Bruxelles.

 

El prestigio de su producción, explica, también se ha fortalecido por reconocimientos internacionales. Una muestra de su mezcal fue enviada a Europa y obtuvo una medalla en un certamen celebrado en Bruselas. Bello recuerda que especialistas viajaron hasta su comunidad para verificar no sólo la bebida, sino también el proceso de elaboración.

“Una cosa es el producto y otra la fábrica; ambas deben certificarse”, explica.

Pero en la memoria de quienes visitan su palenque no sólo se habla de premios o certificaciones. Entre los relatos que circulan está la historia de “El amigo”, una presencia que algunos trabajadores y visitantes aseguran haber experimentado.

De acuerdo con la narración que comparte Bello, en una ocasión varios hombres vecinos de Tixtla refinaban alrededor de 150 litros de mezcal cuando apareció un extraño visitante. Los hombres permitieron que entrara a la fábrica y, según contaron después, tomó un garrafón de 50 litros de mezcal, abrió la boca y se lo bebió todo. Cuando revisaron el contenido restante, el líquido había perdido fuerza y parecía casi agua.

El suceso quedó como una anécdota extraña entre quienes estaban presentes. Tiempo después, durante una visita con conocidos, Bello volvió a mencionar la historia cuando una ráfaga de viento atravesó el patio de su casa, moviendo objetos y derramando un par de litros de mezcal. “Así pasa cuando anda el amigo”, recuerda entre risas.

Más allá de la leyenda, el maestro mezcalero insiste en que su mayor preocupación es proteger la autenticidad del mezcal artesanal y evitar que su nombre o el de otros productores sea utilizado para vender bebidas adulteradas.

Desde Omepa, entre historias que combinan tradición, misterio y oficio, Fernando Bello continúa produciendo un mezcal que —dice— busca mantener intacta la calidad que le ha dado reconocimiento dentro y fuera de México.

Fotos: Miguel Benítez.