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Entre Beethoven y copas de más la OFA ofrece un concierto de temporada

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El director Bartholomeus Henri Van de Velde imprime su sello personal en la Quinta Sinfonía de Beethoven durante el programa “Sueños de Victoria”, mientras algunos asistentes rompen la solemnidad del concierto con actitudes propias de una noche de bar.

La Orquesta Filarmónica de Acapulco ofreció el concierto “Sueños de Victoria” en el Salón Jaguar del Hotel Playa Suites Acapulco, una velada sinfónica marcada por la intensidad interpretativa de su director Bartholomeus Henri Van de Velde, aunque también por la desconcertante conducta de algunos asistentes que parecían haber confundido el recinto con un bar de madrugada. Con un aforo reducido, turistas y residentes presenciaron un programa de cerca de hora y media que transitó entre la modernidad francesa, el dramatismo ruso y la monumentalidad de Beethoven.

El concierto abrió con La Création du monde, Op. 81, del compositor francés Darius Milhaud, una obra inspirada en el jazz que fue interpretada por un ensamble instrumental de la propia orquesta. La pieza desplegó un juego rítmico y colorido que permitió apreciar la versatilidad de los músicos, capaces de transitar entre la tradición sinfónica y los ecos del lenguaje jazzístico del siglo XX. A pesar del espacio prestado por el hotel sede que no es el adecuado para un concierto de música sinfónica.

Tras el intermedio, la orquesta abordó la obertura Francesca da Rimini, del compositor ruso Pyotr Ilyich Tchaikovsky. La intensidad dramática de la obra fue recibida con entusiasmo por parte del público, aunque el entusiasmo de un par de asistentes -evidentemente animados por algunas copas de más- terminó rompiendo la atmósfera solemne con vítores fuera de lugar, recordando que la etiqueta de un concierto sinfónico no siempre sobrevive a la convivencia con el alcohol.

El momento culminante llegó con la Symphony No. 5 in C minor, Op. 67 de Ludwig van Beethoven. Sin embargo, en el tramo final de la obra la interpretación dejó una sensación peculiar: mientras el director Bartholomeus Henri Van de Velde insistía en imponer un sello interpretativo muy personal —con gestos amplificados y una conducción dramática que parecía buscar una lectura distinta de la partitura—, por momentos daba la impresión de que los músicos se aferraban con mayor fidelidad a las partituras que a la batuta. En la sala, varios asistentes recurrían al programa de mano intentando identificar en qué movimiento se encontraba la ejecución, desorientados por una dirección que privilegiaba la impronta personal por encima de la claridad estructural de la obra.

Pese a estas escenas que bordeaban lo pintoresco, el concierto concluyó con una ovación de pie para la Orquesta Filarmónica de Acapulco, en lo que fue el cuarto programa de su temporada.

La Orquesta también realizó una presentación especial en el Museo Regional de Guerrero en Chilpancingo, en el marco del 45° aniversario del Centro INAH Guerrero, donde ofreció un concierto con explicación didáctica sobre la dirección orquestal. Como parte de la actividad, algunos niños tuvieron la oportunidad de dirigir brevemente a los músicos antes de escuchar un repertorio de música orquestal guerrerense.

A pesar de que la invitación a este concierto especial no anunciaba la explicación didáctica que ofreció la Orquesta. Como parte del programa, siguieron el concierto con un repertorio de piezas guerrerenses.

La agenda continuó el 27 de marzo con un concierto especial de primavera en el auditorio del Parque Papagayo, en colaboración con el Ballet Folclórico Malintzin Juvenil de la UAGro, dirigido por Verónica Isabel Hernández Bautista, quienes acompañaron a la Orquesta entre otras piezas, con la tradicional “Feria Chilpancingueña”.

Foto: Miguel Benítez.