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El punk como identidad y resistencia: una lectura desde la psicología social

Punk Foto Michaell Rivera

Investigación de la UAM Iztapalapa analiza esta contracultura como lenguaje político, comunidad y respuesta a la exclusión juvenil

Lejos de limitarse a un género musical o una estética provocadora, el punk se consolida como una forma de resistencia social y construcción identitaria para diversas juventudes. Así lo plantea la investigadora Yubiry Cruz Escobedo, quien desde la Universidad Autónoma Metropolitana, unidad Iztapalapa, analiza esta expresión desde la psicología social.

Su estudio parte de una experiencia personal dentro de la escena punk, lo que le permite abordar el fenómeno no solo desde lo académico, sino desde la vivencia directa. Para Cruz Escobedo, el punk funciona como un lenguaje colectivo donde el ruido —gritos, velocidad musical y energía del slam— se convierte en una forma de enunciación política frente a un sistema que ha marginado a amplios sectores juveniles.

En este sentido, la identidad punk no se construye de manera individual, sino a partir de la interacción y la experiencia compartida. Más que una elección estética, se trata de un proceso social donde el “ser” emerge del “vivir”, en contextos marcados por desigualdad y exclusión.

El cuerpo ocupa un papel central en esta construcción simbólica. Elementos como chamarras con estoperoles, botas o crestas no son meros adornos, sino signos cargados de significado político e histórico. La vestimenta, el maquillaje y la presencia en espacios cotidianos se convierten en formas de resistencia frente a normas culturales hegemónicas.

La investigadora subraya que la resistencia no siempre se manifiesta en actos visibles o extraordinarios, sino en prácticas cotidianas: asistir a espacios académicos con una estética disidente o mantener una identidad propia en entornos conservadores. Estas acciones, aunque aparentemente simples, constituyen formas de afirmación y disputa simbólica.

Asimismo, el punk se configura como un espacio de organización y apoyo mutuo. A través de redes autogestivas, las juventudes generan comunidades que suplen, en muchos casos, la falta de respaldo institucional, fortaleciendo vínculos solidarios.

El análisis fue presentado en el Primer Coloquio de Música Cuerpos que suenan, mundos que vibran: horizontes multidisciplinarios de la música, realizado en la UAM Iztapalapa, donde se destacó la importancia de abordar estas expresiones culturales sin estigmatizarlas.

Más allá del escenario musical, la investigación de Cruz Escobedo plantea que el punk sigue siendo un territorio donde se construyen sentidos colectivos, afectos y formas de resistencia. Su trabajo cuestiona las visiones que reducen estas prácticas a rebeldías sin causa y evidencia que, detrás del ruido, existen proyectos de vida que reivindican el derecho a existir con dignidad.

Con información de Jorge Daniel Filorio Pedraza.

Foto: Cortesía | Michaell Rivera Arce