El club de las muchas nominaciones y cero premios
La historia de los Arieles también está hecha de películas que acumularon candidaturas y se fueron con las manos vacías.
Hay una categoría que no aparece en las boletas de los Premios Ariel, pero que podría llamarse “Muchas nominaciones, cero premios”. Es un club incómodo, porque reúne películas que llegaron a la ceremonia con una cosecha importante de candidaturas y terminaron sin una sola estatuilla.
El caso más llamativo de esta lista es La delgada línea amarilla, que acumuló 14 nominaciones sin conseguir un premio. Le siguen Esto no es Berlín, con 12, Polvo, con 11, y La dictadura perfecta, con 10. Son cifras que revelan algo paradójico: la Academia puede reconocer ampliamente una película al momento de nominarla y, al mismo tiempo, dejarla fuera de cualquier celebración al momento de repartir los premios.
El fenómeno se repite con Aún es de noche en Caracas, que obtuvo 9 nominaciones, aunque no apareció entre las candidatas a Mejor Película en los Ariel 2026; Desierto, también con 9; y Manos libres: Nadie te habla, con la misma cantidad. En todos estos casos, la acumulación de candidaturas construye la imagen de películas relevantes dentro de una determinada edición, pero el palmarés termina contando una historia completamente distinta.
Con 8 nominaciones aparecen El diablo fuma, Cómprame un revólver, Los últimos cristeros y Chicogrande. A ellas se suman Leona, con 7; La Carga, con 7; y La Caída, también con 7. En algunos casos, además, existe otra particularidad: haber sido consideradas en numerosas categorías no necesariamente implicó competir por el máximo reconocimiento de la noche.
Aquí aparece una de las contradicciones más interesantes del Ariel. Una nominación no es un premio, pero tampoco es poca cosa. Llegar a varias categorías significa que una película fue vista, discutida y considerada por los integrantes de la Academia. Sin embargo, cuando una producción acumula diez, doce o catorce posibilidades y termina con cero estatuillas, queda abierta la pregunta sobre qué ocurre entre el reconocimiento de sus méritos y la decisión final de premiarlos.
La situación también obliga a mirar con cautela la idea de que la cantidad de nominaciones equivale a una jerarquía dentro de una edición. No necesariamente. Una película puede dominar las candidaturas técnicas, actorales o de especialidad y quedar desplazada en las categorías principales. Otra puede recibir menos nominaciones y terminar convirtiéndose en una de las grandes ganadoras de la noche.
Por eso, este peculiar “club” de los cero premios funciona como una especie de espejo de los Ariel: muestra que el reconocimiento institucional no es lineal. Las películas pueden ser favoritas, acumular menciones y estar presentes en buena parte de las conversaciones de una edición, pero al final las estatuillas establecen otra lectura.
Catorce nominaciones y cero premios no convierten a La delgada línea amarilla en una mala película; del mismo modo, ganar un Ariel no convierte automáticamente a una cinta en la mejor de su generación. El palmarés registra una decisión colectiva en un momento determinado, mientras que la historia del cine suele ser mucho menos obediente que cualquier ceremonia de premiación.
Quizá por eso el “club de las muchas nominaciones y cero premios” resulte tan revelador. Porque detrás de sus números hay una pregunta que ningún palmarés puede resolver por completo: ¿cuánto pesa realmente una estatuilla frente a la huella que una película deja en el cine mexicano?
Foto: Especial.