De Puerto Vallarta a Querétaro: una escritora explora memoria, historia y cuerpos femeninos en la narrativa contemporánea
Tras obtener el Premio Nacional de Cuento Agustín Yáñez, la autora trabaja en nuevos proyectos literarios mientras prepara su primera novela desde el centro del país
La escritora mexicana Blanca E Athié consolida su trayectoria narrativa con una obra que combina memoria, exploración del cuerpo y referencias literarias femeninas, Elena, Lucía, Anaïs. Tras recibir el Premio Nacional de Cuento Agustín Yáñez, la autora se encuentra en un momento de transición creativa: cursa una Maestría en Estudios Históricos en Querétaro y proyecta su primera novela, al tiempo que reflexiona sobre los procesos que han marcado su escritura reciente.
Entre sus lecturas más recientes destaca una novela de la escritora queretana Alexandra Lovato, centrada en la historia de una mujer mulata durante el periodo novohispano en la región. “Es el último libro que he leído en literatura. Trata justamente de una mulata en la era novohispana aquí en Querétaro”, comenta. La obra, explica, ha comenzado a trascender el ámbito local y ya se encuentra en proceso de adaptación cinematográfica, lo que anticipa una proyección más amplia para la autora.
En el terreno audiovisual, una de sus referencias recientes ha sido la serie Wednesday, conocida en español como Merlina, mientras que en la música menciona el impacto del concierto al que asistió de Shakira, una experiencia que, dice, ha marcado su escucha cotidiana en los últimos días.
Un premio en el momento preciso
La obtención del Premio Nacional de Cuento Agustín Yáñez llegó en una etapa particular y significativa de su vida personal y profesional. “Llegó en un momento justo en el que estaba súper endeudada y en el que mi hija había entrado a la preparatoria”, recuerda. El cambio de residencia también influyó: “La vida en Querétaro es más cara, sobre todo la educación, a diferencia de Puerto Vallarta”.
Más allá del apoyo económico, el reconocimiento representó un impulso creativo. El libro premiado, explica, es fruto de una combinación entre pasión y disciplina, desarrollada durante un proceso de beca literaria que exigía una práctica constante de escritura. “Es un libro al que le tengo mucho cariño, porque también viene de un proceso de disciplina”.
Un diálogo con tres grandes cuentistas
El volumen premiado, titulado Elena, Lucía, Anaïs, establece un diálogo literario con tres figuras fundamentales del cuento y la escritura autobiográfica: Elena Garro, Lucia Berlin y Anaïs Nin.
La autora explica que el título alude a la universalidad de estas escritoras: “Sólo existe una Elena Garro en el mundo literario; sólo existe una Lucía Berlin, una Anaïs. Es como decir Anton: uno sabe que se trata de Chéjov”.
La relación entre estas autoras y el puerto de Puerto Vallarta se convirtió en un eje imaginativo para su libro. Según relata, Anaïs Nin encontró en el puerto jalisciense un refugio frente a otros destinos turísticos más concurridos, mientras que Lucia Berlin vivió allí en distintos momentos de su vida, buscando reconstruir su entorno familiar.
Uno de los elementos simbólicos que atraviesa esa geografía literaria es la bioluminiscencia marina. “Para mí es una analogía de la memoria: en lo oscuro, la luz se aferra a la felicidad, a la resiliencia, a la amistad entre mujeres”, explica.
En el caso de Elena Garro, la escritora retoma la imaginación literaria de un cuento donde aparecen personajes relacionados con Adolfo Bioy Casares, lo que le permitió proyectar, desde la ficción, encuentros posibles en ese mismo paisaje costero.
El cuerpo como territorio narrativo
Antes de ese libro, la autora publicó su primer volumen de cuentos, Mi cuerpo al este del den, seleccionado por la Secretaría de Cultura de Jalisco a través del programa Maleta de Hemingway.
Se trata de una colección de relatos contemporáneos de carácter fragmentario y especulativo, en los que el cuerpo femenino funciona como punto de partida para explorar distintas experiencias. “Son diez cuentos en los que mujeres relacionan su cuerpo a través de sus enfermedades, pero también a través de sus deseos”, explica.
Los relatos establecen conexiones simbólicas entre lo humano y los mundos vegetal, mineral y animal. A partir de esas relaciones, las protagonistas construyen experiencias transformadoras y nuevas formas de habitar su propia identidad.
Después de haber vivido en la costa del Pacífico —entre Acapulco y Puerto Vallarta—, la escritora se instaló en Querétaro para cursar una Maestría en Estudios Históricos. Sin embargo, su llegada al centro del país tiene también una motivación literaria.
“Yo quiero escribir mi primera novela aquí”, afirma. La investigación histórica se ha convertido en un terreno fértil para encontrar personajes y tramas.
Uno de esos hallazgos surgió en Tequisquiapan, donde descubrió la historia de una partera que asistió más de cinco mil nacimientos en la región y que mantuvo una vida marcada por la independencia personal: tuvo cinco matrimonios, diez hijos y una trayectoria como maestra. En uno de esos matrimonios estuvo vinculada con un antiguo general villista.
Ese tipo de figuras históricas, señala, son las que podrían dar vida a su futura novela. “Yo quiero que mis personajes me encuentren”, concluye. “Eso es algo que me dio Vallarta: la posibilidad de escuchar las historias y seguirlas hasta que se vuelvan literatura”.
Foto: Miguel Benítez.