Butacas cautivas para “Mujeres que escriben”
El Ayuntamiento de Chilpancingo llena el Salón Centenario con alumnos en horario de clases y desdibuja el sentido cultural del encuentro.
El Salón Centenario de la Constitución de 1917 del Ayuntamiento de Chilpancingo de los Bravo fue sede el día de hoy del evento “Mujeres que escriben”, realizado en el marco del Día Internacional de la Mujer. La actividad, encabezada por las poetas Gela Manzano, Angélica Barrera, Michelle Ruiz Valdez, Gloria Cenobio, Blanca Vázquez y Flor Venalonso, fue organizada por el Gobierno de Chilpancingo, la Secretaría de Cultura Municipal, la Coordinación de Literatura Hispanoamericana y la Universidad Autónoma de Guerrero.
En el papel, el encuentro prometía un diálogo literario necesario: voces femeninas compartiendo su obra y reflexiones en torno a la escritura y la experiencia de ser mujer en un contexto social complejo. Sin embargo, el acto terminó evidenciando una práctica recurrente en la política cultural local y estatal: llenar los espacios con estudiantes obligados a asistir, en horario escolar, para simular convocatoria.
Desde minutos antes del inicio, grupos de alumnos ingresaron al recinto acompañados por docentes. Muchos de ellos desconocían el motivo del evento. Algunos aprovecharon para realizar tareas ajenas a la actividad; otros, visiblemente inquietos, revisaban sus teléfonos o preguntaban a qué hora terminaría el acto. La escena planteó una pregunta incómoda: ¿Es válido sacrificar horas de clase para garantizar público cautivo?
Más allá del mérito literario de las participantes —cuya trayectoria y compromiso no están en duda—, la organización dejó ver una fragilidad estructural: la incapacidad de convocar a una audiencia genuinamente interesada en la literatura. La cultura, cuando se impone como obligación y no como invitación, pierde su fuerza transformadora.
El problema no radica en acercar a jóvenes a la poesía —objetivo loable y necesario—, sino en la forma. Obligar a estudiantes a asistir, sin mediación previa, sin trabajo en aula que contextualice la obra de las autoras y sin una estrategia de formación de públicos, convierte el acto en un trámite administrativo más que en una experiencia cultural significativa.
En el marco del Día Internacional de la Mujer, fecha que demanda reflexión profunda sobre derechos, igualdad y participación, el gesto de llenar un salón con alumnado cautivo resulta contradictorio. La conmemoración corre el riesgo de volverse escenografía institucional, donde las cifras de asistencia importan más que el impacto real.
La cultura no debería medirse por la cantidad de sillas ocupadas, sino por la calidad del diálogo que genera. Si las instituciones culturales de Chilpancingo aspiran a fortalecer el tejido literario y artístico, deberán apostar por estrategias sostenidas de formación de públicos, promoción lectora y vinculación comunitaria, en lugar de recurrir a la movilización obligada de estudiantes.
“Mujeres que escriben” pudo ser una celebración vibrante de la palabra femenina. En cambio, dejó la sensación de un evento cumplido en forma, pero vacío en fondo: un salón lleno, sí, pero con la literatura hablando ante un público que no eligió estar ahí.
Foto: Especial.