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Ballet para Señoras Señoritas: el cuerpo en disputa y la escritura como danza

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María Yolanda García reflexiona sobre feminidad, violencia, fragmentación y el proceso creativo detrás de un ensayo que ha encontrado eco en lectoras y lectores más allá del ballet.

Desde la primera imagen que detonó la escritura —un cuerpo reptando, buscando equilibrio entre la oscuridad y la iluminación máxima— Ballet para Señoras señoritas de María Yolanda García se erige como un ensayo de no ficción que habita la frontera entre la memoria y la invención. Su autora define el libro como una necesidad personal, pero también como una urgencia literaria: “Las ganas de querer contar una historia que, como toda historia literaria, es mitad verdad y mitad mentira”.

Publicado en una primera edición por el Premio Dolores Castro en 2024 y recientemente incorporado en diciembre de 2025 a la colección de ensayo de la editorial Paraíso Perdido, el libro ha comenzado a consolidar su propio camino entre lectoras y lectores que encuentran en sus páginas un espejo de pasión, exceso y resistencia.
— ¿Qué simboliza el ballet dentro de la obra?

— El ballet es la estrategia con la que se va revelando la historia de la protagonista. A través de la disciplina y la resistencia de bailar todos los días conocemos sus miedos, su entorno y sus vicios.

El título, reconoce la autora, es sugerente y hasta provocador. Sin embargo, la obra no está dirigida exclusivamente a quienes practican danza clásica. “Es para quien quiera ponerle su nombre a la historia”, afirma. Más que un libro sobre ballet, es un libro sobre cuerpos atravesados por la pasión, el delirio y los excesos.

Uno de los ejes centrales del ensayo es la mirada crítica sobre el cuerpo femenino. “El cuerpo de la mujer siempre ha sido un campo en disputa”, sostiene. En el texto, ese cuerpo aparece sometido a doctrinas, expectativas y medidas que buscan ajustarlo a un corsé social. Pero también es un cuerpo que reconoce su caos, su invisibilización y que anhela salir de ahí.

En Ballet para Señoras conviven distintos cuerpos: el que materna, el que produce dentro del capitalismo, el disciplinado por la danza y, además, el propio cuerpo del texto. La estructura está dividida en tres actos —como una obra de ballet— donde el “cuerpo literario” narra el día a día de la protagonista y revela que el cuerpo, en cualquiera de sus formas, es un concepto mutable.

Lejos de una narración lineal, la autora trabajó el ensayo desde la fragmentación. “Voy y vengo. Hasta que no tengo la estructura completa en la cabeza, no doy por terminada la obra”. Su prosa ensayística se aproxima a la poesía, con un orden interno que no necesariamente responde a la cronología.

El mayor desafío fue concluirlo. Durante dos años el texto permaneció inconcluso, con una pausa de seis meses en los que dejó de escribir y se dedicó únicamente a bailar. Fue entonces cuando decidió eliminar una parte entera y aterrizar en el tercer acto. Definir que serían tres actos —como una pieza de danza— fue determinante para cerrar el libro.

La ciudad de Guanajuato aparece en el ensayo como un escenario atravesado por la violencia. Desde la voz de la protagonista se visibiliza la realidad de muchas mujeres que sostienen afectiva y económicamente a sus familias. La autora prefiere nombrarlas “jefas de familia”, subrayando su papel estructural dentro de la sociedad mexicana.

Sin el trabajo no remunerado de las mujeres, este país se caería a pedazos”, afirma. En ese sentido, el libro dialoga con la realidad actual sin caer en la satanización ni en la victimización simplista. Se trata de narrar esas historias desde la complejidad y la dignidad.

La reciente presentación del libro en el contexto de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara permitió que nuevos públicos se acercaran a la obra. Las reacciones, comenta la autora, han sido alentadoras. Algunos lectores destacan que se trata de un ensayo que se lee con rapidez —una consecuencia de su estructura fragmentaria— mientras que otros lo perciben más cercano a una novela.

Estoy muy contenta. Nunca escribí pensando en un lector específico ni imaginé que iba a pasar todo esto”, confiesa.

Entre los aprendizajes personales que le dejó la escritura de este ensayo, la autora destaca una fórmula íntima: bailar y escribir al mismo tiempo. “Esa es mi fórmula secreta”, dice con humor.

Actualmente trabaja en un nuevo proyecto gracias al fomento del Programa de Estímulo a la Creación y Desarrollo Artístico de Querétaro (PEGDA), convocatoria en la que fue seleccionada en 2025 dentro de la categoría de Creadores con Trayectoria en Literatura. En este nuevo libro de ensayo aborda su genealogía familiar y su relación con la frontera de Tijuana, a partir del rescate del archivo familiar para pensar la identidad desde el Bajío y los lazos móviles y fragmentarios que la constituyen.

Foto: Especial.