Antifaz: Guillo abre una nueva etapa punk con el álbum ¡Qué dolor!
El músico presenta un disco debut que mezcla punk, ska-core y hardcore para retratar frustraciones personales, tensiones sociales y la rebeldía cotidiana
Tras décadas ligado a la escena punk de Medellín, el músico colombiano Guillermo García, conocido por su trayectoria como integrante de Mojiganga, inicia una nueva etapa con Antifaz, proyecto con el que presenta su disco debut ¡Qué dolor!, un trabajo atravesado por la energía del punk, el ska-core y el hardcore melódico, y que explora emociones como la rabia, la frustración, el desconsuelo y la nostalgia.
El proyecto nació en 2025, poco después de la salida de Guillo de Mojiganga. El nombre de la banda proviene de una frase anónima —“Detrás de un antifaz todos somos héroes y villanos”— y también juega con la cercanía fonética con el término Antifa. El grupo está integrado por Esteban Rodríguez Arcila en la batería, Boris Vásquez en el bajo, Santiago Castañeda en el trombón, Gabriel Espitia Mesa en la trompeta y Guillo Moji en guitarra y voz.
“Hace rato tenía la idea de tener un proyecto aparte con canciones que tenía archivadas o que habían sido producidas muy precariamente”, explica el músico. Con Antifaz encontró el espacio para rescatar ese material y darle una nueva vida sonora.
El resultado es ¡Qué dolor!, un álbum de doce canciones que recupera composiciones de un antiguo demo grabado por Guillo en 2003 bajo el título Malos Ratos, junto con piezas más recientes que permanecían inéditas. El título del disco proviene de una frase incluida en el coro del tema “La cartera”, y funciona como hilo conductor de las emociones presentes en el repertorio.
“Es una frase que resume la temática de muchas canciones: frustración, rabia, desconsuelo y nostalgia. Hay historias personales y otras sociales que hablan del desamor y de la rebeldía en este entorno político tan debilitante que vivimos”, señala el artista.
En términos sonoros, el álbum combina la crudeza del punk de Medellín con arreglos de vientos propios del ska y la intensidad vocal del hardcore. El resultado es un sonido visceral y acelerado, con coros breves y repetitivos que remiten a la tradición de las bandas punk de los años ochenta.
Entre las influencias que el grupo reconoce figuran bandas como The Voodoo Glow Skulls, The Toy Dolls, Against All Authority y The Mighty Mighty Bosstones, referentes del ska-punk y el hardcore melódico.
El álbum también cuenta con colaboraciones de músicos vinculados a proyectos como Los Suziox, Johnie All Stars, Código Rojo, Pacífico Sur, Popcorn, Vaho A Peste, El Piloto Ciego y Comandante Cobra, lo que refuerza su conexión con la escena alternativa colombiana.
Las doce canciones de ¡Qué dolor! recorren distintas historias y temáticas. “Mata al cura, mata al rey” aborda la manipulación mediática y el control social; “Morir en la playa” narra una anécdota de un viaje punk al Caribe; mientras que “Este mes nene” relata un embarazo adolescente no planeado.
Otros temas exploran conflictos íntimos: “Tu sonrisa” habla de un desamor en Nueva York, “Barcos de papel” aborda el duelo sentimental y “Utopía de mi clase” revive un amor colegial no correspondido.
También aparecen temas de crítica social directa. “El Icetex” expone las dificultades para acceder a créditos educativos en Colombia, mientras que “Faranduleros” cuestiona la cultura materialista contemporánea. “No me vayas a llorar”, por su parte, aborda el suicidio desde una perspectiva introspectiva, y “Punkies somos” reivindica la identidad punk como forma de vida.
Uno de los temas centrales del álbum es “Himnos y banderas”, inspirado en el Estallido social en Colombia de 2021. El videoclip utiliza fragmentos de noticias y registros de las marchas para rendir homenaje a quienes salieron a las calles durante las protestas. “Está dedicada a todas las personas que tuvieron la valentía de resistir, de luchar por sus derechos y dignidad”, explica Guillo.
Otro sencillo destacado es “La cartera”, una canción más ligera que relata una relación sentimental atravesada por intereses materiales. El video fue filmado de manera casi improvisada en los casinos de Fremont Street, en Las Vegas, siguiendo una lógica de producción guerrilla.
Foto: Especial.