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Adrián Oropeza | Cruzar los límites del ritmo y la electrónica

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En entrevista, el baterista mexicano habla sobre “Umbrales Sonoros”, un proyecto que fusiona batería, electroacústica y nuevas formas de composición contemporánea

El baterista y compositor mexicano Adrián Oropeza ha encontrado en la electroacústica un territorio fértil para expandir las posibilidades de su instrumento. Su proyecto “Umbrales Sonoros” reúne obras comisionadas a compositoras y compositores de distintos países, donde la batería dialoga con pistas electrónicas, procesamiento digital y nuevas escrituras musicales.

En entrevista para Página Zero, el músico reflexiona sobre el origen del proyecto, los retos interpretativos y las posibilidades que abre la música contemporánea.

—¿Cómo nació el proyecto Umbrales Sonoros y qué inquietudes musicales lo motivaron?

—Yo tengo formación como jazzista y durante muchos años toqué únicamente en proyectos acústicos con pianistas, guitarristas, contrabajistas o saxofonistas. Pero en 2015 me introduje al mundo de la electroacústica cuando fui artista huésped del programa Prácticas de Vuelo del Centro Mexicano para la Música y las Artes Sonoras. Ese espacio es un referente internacional de la música electroacústica y de la llamada música mixta, que combina instrumentos acústicos con sonidos generados por computadora o medios electrónicos.

La experiencia me fascinó porque me permitió ampliar mis horizontes musicales y experimentar con nuevas sonoridades. Desde entonces he combinado mi carrera como jazzista con la electroacústica. El proyecto para batería electroacústica comenzó a tomar forma alrededor de 2020, cuando recibí una beca del FONCA para la creación electroacústica y convoqué a varios compositores para escribir obras específicamente para batería y electrónica.

—El título Umbrales Sonoros sugiere una idea de transición o frontera. ¿Qué umbrales buscabas atravesar con esta propuesta?

—Precisamente ese: el de una forma distinta de interpretar la batería. En el jazz, uno de los elementos esenciales es el diálogo entre músicos y la improvisación. Aquí encontré la posibilidad de desarrollar otros timbres y expandir las posibilidades sonoras del instrumento.

La batería suele ser un instrumento de acompañamiento, encargado del ritmo dentro de un ensamble. En cambio, en este proyecto es el único instrumento acústico que dialoga con sonidos electrónicos y pistas sonoras. Gracias a la electroacústica es posible crear un concierto solista de batería con una riqueza sonora que normalmente no tendría por sí sola.

Además, incorporé a mi set un módulo electrónico con pad's que me permite generar distintos sonidos digitales. Así, junto con los platillos, tambores y pistas sonoras, se crea una amalgama sonora muy particular.

—El proyecto surgió también de colaboraciones con compositoras latinoamericanas. ¿Cómo se dio ese proceso?

—El nombre del proyecto surgió a partir de una convocatoria de la Universidad del Bosque, en Colombia, dentro del festival En Tiempo Real, que dirige la maestra María Romano. Ese festival tiene como misión impulsar el trabajo de mujeres compositoras.

Propuse que las compositoras escribieran obras para batería electroacústica. Se seleccionaron cuatro compositoras colombianas y una de ellas, Laura Zapata, tituló su obra Umbral. Ese nombre me gustó mucho y decidí llamar al proyecto Umbrales Sonoros.

Después se sumaron compositoras mexicanas como Nures Lim, Paulina Montión y Tania Tobar, además de compositores como Rodrigo Sigal y Francisco Villegas. Hoy el repertorio reúne alrededor de quince obras escritas específicamente para batería y electroacústica.

—En próximas fechas presentarás este proyecto en Costa Rica. ¿Cómo seleccionaste el repertorio para ese concierto?

—Depende mucho del contexto. En el caso del Festival Internacional de las Artes de Costa Rica voy a tocar en el Parque de la Sabana, un espacio abierto y con público muy diverso. Antes de mi presentación habrá un grupo local y después se presentará el cantante colombiano Fonseca. El reto es ofrecer algo atractivo para personas que quizá no están acostumbradas a escuchar música electroacústica. Por eso elegí obras más rítmicas, energéticas y accesibles, que puedan disfrutar tanto niños como adultos. La electroacústica puede tener momentos muy melódicos, pero también pasajes más experimentales o estridentes. La idea es encontrar un equilibrio que invite al público a explorar esos nuevos mundos sonoros.

—También ofrecerás clases magistrales. ¿Qué aspectos abordarás en ellas?

—Habrá dos enfoques distintos. Una clase estará dirigida a compositores y ahí explicaré cómo se escribe una obra para batería electroacústica, que es muy diferente a una partitura tradicional. Muchas veces se utilizan indicaciones temporales o signos que funcionan como improvisaciones dirigidas.

La otra clase estará orientada a instrumentistas. En ese caso hablaré sobre cómo construir un lenguaje musical que combine la batería con los elementos electrónicos y las pistas sonoras.

—¿Hay alguna pieza del repertorio que represente un reto particular para ti como intérprete?

—En realidad todas lo son. Pero hay una obra de la compositora mexicana Tania Tobar, titulada Especies percusionistas, que es especialmente desafiante. Ella grabó sonidos de la naturaleza: cigarras, pájaros carpinteros, termitas e incluso árboles sometidos a estrés hídrico. Muchos de esos sonidos son percutivos. Yo interactúo con ellos en tiempo real: cuando suena la cigarra, por ejemplo, dialogo con sus ritmos en la batería; cuando aparece el pájaro carpintero, utilizo el módulo electrónico para recrear timbres similares.

La pieza termina con un solo de batería que representa al ser humano como otra “especie percusionista”. Es una obra que exige mucha atención y creatividad para responder a cada sonido.

—Por último, ¿hacia dónde te gustaría llevar Umbrales Sonoros en el futuro?

—Uno de mis grandes deseos es seguir viajando y presentar este proyecto en distintos países. Gracias a la beca Ibermúsicas ya pude llevarlo a Brasil, Chile y Colombia, además de estrenarlo en varios espacios de México como el Foro de Música Nueva Manuel Enríquez y el Pabellón Escénico.

Ahora voy a Costa Rica y espero que el proyecto continúe creciendo. También hay compositores interesados en escribir nuevas obras para batería electroacústica.

Paralelamente, quiero empezar a crear mis propias piezas electroacústicas utilizando software de programación sonora. Como compositor ya escribo para jazz y otros ensambles, y ahora quiero expandir esa búsqueda hacia la electroacústica.

La idea es seguir cruzando esos “umbrales” y ampliar el repertorio de la batería en la música contemporánea.

Foto: Especial.