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Abraham Truxillo y su Bestiario Marino: Cartografiar el océano desde la imaginación

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En entrevista, el escritor nos cuenta sobre el origen lúdico de su libro, la tradición del bestiario, la aventura simbólica del mar y sus nuevas exploraciones digitales.

El origen de Bestiario Marino no fue solemne ni programático. Surgió como un juego en redes sociales y terminó convertido en un volumen que dialoga con la tradición literaria del bestiario, la prosa ensayística y la fábula contemporánea. Nos cuenta en entrevista el escritor Abraham Truxillo.

—¿En qué momento nace la idea del libro? ¿Cuál fue la primera imagen o texto que detonó el proyecto?

—Habrá sido por 2012. Empezó como un juego en Facebook. Publiqué cuatro o cinco textos breves sobre animales marinos: pequeñas estampas en prosa, algo cercano a la microficción. Era una especie de imitación del Bestiario de Juan José Arreola, pero trasladado al mundo acuático.

Uno de los primeros textos fue “Monólogo de la sardina”, una pieza en prosa que ensaya una voz colectiva y frenética. Desde ese impulso inicial, el proyecto comenzó a expandirse hasta convertirse en una obra unitaria.

¿Poemario o libro híbrido?

Aunque el libro fue publicado en 2025 por la editorial Medusa Editores, bajo el cuidado de Edgar Trevizo y dentro de una colección de poesía, Truxillo duda en llamarlo poemario.

—Está en prosa, tiene una veta ensayística y monográfica. Es problemático clasificarlo, pero tampoco me preocupa demasiado. Si alguien quiere leerlo como poesía, está bien.

El autor reconoce afinidades con la prosa marítima de Herman Melville, particularmente en la dimensión descriptiva de Moby-Dick, aunque evita hablar de influencias directas o de una “musicalidad marina” buscada de manera consciente. La cadencia, dice, se fue dando con el tiempo.

—En tu libro, ¿el mar es físico, simbólico o emocional?

—Me gustaría pensar que son los tres.

Por un lado, explica, hay un trabajo casi monográfico: datos, nombres de especies, información científica básica. Por otro, el mar como símbolo de profundidad, subconsciente, aventura y autodescubrimiento. Pero antes que nada, subraya, el mar es un territorio imaginario.

—Con solo sumergirte unos metros ya entras a otro mundo. Hay algo tan fascinante ahí abajo como en cualquier planeta con vida.

Aunque Truxillo es oriundo de Acapulco y el mar formó parte de su paisaje cotidiano, descarta que el libro sea autobiográfico. Las criaturas no encarnan memorias personales, sino más bien la profundidad moral y simbólica propia de la fábula.

Desde el inicio, el proyecto fue concebido como una obra unitaria centrada en animales marinos. En borradores tempranos incluía textos sobre navegaciones y marinería, pero decidió retirarlos.

—Creo que el libro ganó claridad al concentrarse únicamente en la fauna marina. Los textos de barcos quedaron mejor como parte de otro proyecto inédito.

El ordenamiento final fue uno de los procesos más complejos. En libros de prosas breves, organizar las piezas puede resultar más difícil que escribirlas. Finalmente optó por una agrupación temática y estilística que facilitara la lectura continua y diera coherencia al conjunto.

En la tradición literaria existen numerosos bestiarios, pero un bestiario estrictamente marino es poco frecuente.

—Hasta donde sé, en este sentido juguetón y literario, podría ser el primero. Aunque siempre cabe la posibilidad de que alguien lo haya hecho antes.

Uno de los textos que cierra el libro, “Gonzalo Fernández de Oviedo llega a Hawái”, dialoga con la tradición de los cronistas del siglo XVI. Truxillo recrea una prosa con resonancias antiguas en homenaje a Gonzalo Fernández de Oviedo, autor que incluyó descripciones de animales en su Historia general y natural de las Indias.

—Me interesan esos exploradores que se lanzaron al mar sin saber qué encontrarían. Más allá de los juicios históricos, hay algo admirable en esa pulsión de aventura. Yo no me muevo mucho de mi escritorio, pero los viajes literarios pueden ser igual de intensos.

Desde su publicación, el libro ha recibido reseñas y comentarios positivos. Truxillo destaca que el texto funciona especialmente bien en voz alta.

—Cuando lo leo en público, la reacción suele ser buena. Todavía no ha habido una interpretación que me revele algo inesperado del libro, pero espero que llegue.

Antes de su edición impresa, Bestiario Marino tuvo una versión digital que obtuvo mención honorífica en el Premio Julio Torri de Literatura Digital en 2021. En esa versión se incluyeron poemas visuales animados y audios, en colaboración con su esposa, Lidya Cota, quien programó la obra.

—Ella y yo somos coautores de esa versión digital. Hay caligramas y esténciles animados, cercanos a la poesía visual de vanguardia.

La experimentación no se detiene ahí. En 2024 publicó en Perú el poemario Bolero Tecno, donde algunos textos fueron transformados en canciones mediante herramientas de inteligencia artificial, proyecto que actualmente se difunde en plataformas digitales.

—Después de sumergirte en este universo marino, ¿hacia dónde navegas ahora?

—Estoy escribiendo mucho. Tengo varios libros esperando su turno.

Con Bestiario marino, para Truxillo, el océano no solo es un paisaje geográfico, sino un territorio literario inagotable: un espacio donde la ciencia, la fábula y la imaginación pueden convivir en la misma corriente.

Foto: Especial.