Territorio, cuerpo y memoria: mujeres artistas dialogan en exposición colectiva en Guanajuato
“Mujeres en el territorio: encuentros situados” reúne a 14 creadoras en el Museo Olga Costa–José Chávez Morado para explorar la relación entre identidad, espacio y experiencia femenina
La exposición colectiva Mujeres en el territorio: encuentros situados, que se inaugurará el 14 de marzo y permanecerá abierta hasta el 28 de junio, propone una reflexión sobre el territorio entendido como una construcción donde confluyen cuerpo, espacio y memoria.
La muestra, curada por Sara Julsrud, reúne el trabajo de 14 artistas que exploran cómo las mujeres habitan, disputan y resignifican distintos espacios, desde lo íntimo hasta lo colectivo.
Entre las participantes se encuentra la artista gráfica Alejandra Espinosa, quien presenta dos grabados que dialogan con la noción de territorio desde una perspectiva profundamente personal. Para la creadora, el primer territorio es el propio cuerpo.
“En mi obra siempre he trabajado el tema de la memoria y la identidad. Para mí ha sido muy importante entender de dónde vengo y hacia dónde voy. Mucho de lo que soy hoy se construye a partir de los antecedentes familiares y de esa historia que se ha ido acumulando”, explica.
Imaginario: el cuerpo como espacio de energía y emoción
Una de las piezas que presenta Espinosa lleva por título Imaginario. Se trata de un grabado que muestra un cuerpo abierto o diseccionado, aunque sin intención de provocar una imagen grotesca.
La obra explora el interior del cuerpo como un espacio simbólico donde se originan pensamientos, emociones y recuerdos. Desde las entrañas del personaje emergen hilos o vapores que ascienden hacia el cielo, una metáfora visual de la energía emocional que se acumula en el ser humano.
“El cuerpo está con la boca abierta hacia la parte superior y de su interior surgen como vapores que representan ideas, sentimientos y emociones. Es como una energía que se concentra en nosotros y que, si no sale, termina por explotar”, comenta la artista.
Desde esta perspectiva, el territorio deja de ser únicamente un espacio físico para convertirse en un lugar interior donde se condensan memoria y experiencia.
Nudo: memoria familiar y raíces identitarias
La segunda obra que integra la exposición se titula Nudo. En ella, Espinosa aborda las tensiones emocionales y los recuerdos familiares como parte de la construcción del territorio personal.
La pieza muestra dos pequeñas figuras entrelazadas que se despliegan desde una matriz simbólica, una forma que funciona como origen generador de vida y memoria. La imagen surge de un recuerdo de infancia: la manera en que su abuela describía a sus hermanos cuando jugaban o discutían.
“Mi abuela decía que mis hermanos parecían perros y gatos, que se hacían como una bolita. Esa imagen se quedó conmigo y terminó convertida en esta pieza”, relata.
En la parte inferior de la composición aparecen pequeñas edificaciones que remiten al patrimonio arquitectónico de Guanajuato, particularmente a los templos que marcan el paisaje urbano de la ciudad minera. De esta forma, la obra vincula el territorio íntimo con el territorio histórico y cultural.
Un diálogo entre generaciones de artistas
La exposición reúne a creadoras de distintas generaciones, entre ellas Angélica Escárcega, Bea Galván, Carolina Parra, Estefanía Cervantes, Gabriela López Portillo, Hilary Oliva Sainz, Marisol Guerrero, Alejandra O. Sánchez, Jainite Silvestre, Paola Uribe, Shiho Sato, Sara Julsrud y Arelí Vargas.
Para Espinosa, este encuentro permite observar múltiples formas de abordar el territorio desde lenguajes, técnicas y enfoques diversos.
“Muchas nos conocemos desde hace años y conocemos el trabajo de las otras. En todas reconozco oficio, profesionalismo y un sustento conceptual sólido, que es fundamental para que una obra tenga sentido”, señala.
La artista subraya que la curaduría cumple un papel clave para articular las distintas propuestas dentro del espacio expositivo, generando una lectura posible entre las múltiples voces presentes.
Con más de tres décadas de trayectoria, Espinosa considera que la relación entre arte, identidad y territorio ha sido una constante en su práctica artística.
Actualmente desarrolla una investigación de posgrado sobre las prácticas culturales vinculadas al culto de Santiago Apóstol en Marfil, una comunidad cercana a Guanajuato donde su familia se estableció a finales de los años sesenta.
“Mi familia llegó aquí en 1968. Mi padre vino como director de la Escuela de Cerámica y mi madre con sus padres, que compraron una pequeña mina. Aquí se conocieron y aquí crecimos. Guanajuato se convirtió en el territorio donde se formó nuestra historia familiar”, explica.
Para la artista, comprender el territorio implica reconocer las memorias y las prácticas culturales que lo conforman.
“Es fundamental saber quiénes somos y desde dónde estamos hablando. El territorio puede leerse de muchas maneras, pero siempre está ligado a la identidad”, concluye.
La exposición Mujeres en el territorio: encuentros situados podrá visitarse de martes a domingo en el Museo de Arte Olga Costa – José Chávez Morado, en un recorrido que invita a explorar cómo las experiencias de las mujeres continúan redefiniendo los espacios que habitan.
Foto: Especial.